Por aquel golpe el ejército es derrotado.
1º BACHILLERATO

10 Nubes y ramas
se juntan. ¡Cuán altos los montes son!
Rondaban bestias muy fieras por el monte, alrededor.
Una clara fuente hallaron, y un vergel que allí creció;
mandaron alzar la tienda Infantes de Carrión.
Con el bagaje que llevan, duermen en esta ocasión.
15 En
brazos de sus mujeres les demostraron
su amor.
¡Qué mal luego lo cumplieron a la salida del sol!
Cargan luego las acémilas con los dones de valor,
y han recogido la tienda que de noche los guardó.
Adelante a sus criados envían allí los dos.
20 De este modo
lo mandaron los Infantes de Carrión:
que atrás ninguno quedase, fuese mujer o varón,
a no ser sus dos esposas, doña Elvira y doña Sol,
que querían recrearse con ellas a su sabor.
Todos los demás se han ido, los cuatro solos. ¡Por Dios!
25 ¡Cuánto mal
que imaginaron Infantes de Carrión!
—Tenedlo así por muy cierto, doña Elvira y doña Sol.
Aquí os escarneceremos en este fiero rincón,
y nosotros nos iremos; quedaréis aquí las dos.
Ninguna parte tendréis de las tierras de Carrión.
30 Estas noticias irán a ese Cid Campeador.
Ahora nos vengaremos por la afrenta del León.»
Allí las pieles y mantos quitáronles a las dos;
sólo camisas de seda sobre el cuerpo les quedó.
Espuelas tienen calzadas los traidores de Carrión;
35 en sus manos
cogen cinchas, muy fuertes y duras son.
Cuando esto vieron las dueñas, les hablaba doña Sol:
— don Diego, don Fernando! Esto os rogamos por Dios:
ya que tenéis dos espadas, que tan cortadoras so
(a la una dicen Colada y a la otra llaman Tizón).
40 nuestras
cabezas cortad; dadnos martirio a las
dos.
Los moros y los cristianos juntos dirán a una voz,
que por lo que merecemos, no lo recibimos, no.
Estos tan infames tratos, no nos los deis a las dos.
Si aquí somos azotadas, la vileza es para vos.
45 En juicio o
bien en Cortes responderéis de esta
acción.»
Lo que pedían las dueñas, de nada allí les sirvió.
Comienzan a golpearlas Infantes de Carrión;
con las cinchas corredizas las azotan con rigor;
con las espuelas agudas les causan un gran dolor;
50 les rasgaron
las camisas y las carnes a las dos;
allí las telas de seda limpia sangre las manchó;
bien que lo sentían ellas en su mismo corazón.
Qué ventura sería ésta, si así lo quisiera Dios,
que apareciese allí entonces nuestro Cid Campeador!
55 Tanto allí las
azotaron, que el sentido les faltó;
las telas de rica seda sangrientas tienen las dos;
cansados están de herirlas los Infantes de Carrión.
Prueban una y otra vez quién las azota mejor.
Ya no podían ni hablar doña Elvira y doña Sol.
60 En el robledo
de Corpes por muertas quedan las dos.
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