A partir de hoy iré seleccionando algunos de los poemas del 27 que me encantaría que disfrutarais. Espero que alguno de ellos os elija y podáis crear vuestra "obra de arte" ¡Ánimo!.
Os adelanto los poemas que leeremos juntos y dedicamos la entrada de hoy a ALEIXANDRE (utilizaremos como página de referencia, en la que podréis encontrar muchos más poemas es: http://www.poemas-del-alma.com/ )
CERNUDA:
De Placeres Prohibidos: No decía palabras y Te quiero
De Donde habite el olvido: Donde habite el olvido - Si el hombre pudiera decir lo que ama
ALBERTI:
De Marinero en tierra: Si mi voz muriera en tierra
De El poeta en la calle: Soy del 5º regimiento
Se equivocó la paloma
LORCA:
De Canciones: Es verdad y Despedida
Del Poema del Cante Jondo: Adivinanza de la guitarra
Del Poeta en Nueva York: Pequeño Vals vienés y La Aurora de Nueva YorkDel Diván de Tamarit: Gacela del amor deseperado, Casida del llanto.
De los Sonetos del Amor Oscuro: El poeta dice la verdad
SALINAS:
De La voz a ti debida: "Para vivir no quiero"
GUILLÉN
De Cántico: ¡"Beato sillón!"
GERARDO DIEGO
De Evasión: Ultraísmo poético
De Soria: Río Duero, río Duero
De Versos humanos: El ciprés de Silos
DÁMASO ALONSO
De Hijos de la Ira: Insomnio
EMPECEMOS CON VICENTE ALEIXANDRE
Vicente Aleixandre nació
en Sevilla el 26 de abril de 1898 pero transcurrió toda su infancia y parte de
su juventud en la ciudad de Málaga. Posteriormente se mudó a Madrid, ciudad en
la que falleció el 13 de diciembre de 1984.
Desde pequeño se sintió atraído por el mundo de las letras, sin embargo estudió derecho y trabajó durante varios años en los juzgados. Su verdadera opción por la literatura tuvo lugar a partir de una enfermedad grave que padeció en 1925, desde entonces ya no pudo separarse de la creación literario.
Durante toda su vida contó con el apoyo y la amistad de ciertas figuras imprescindibles de la lírica malagueña como Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.
Cabe mencionar que Aleixandre fue galardonado con numerosos y prestigiosos premios, entre los que se encontraron el Nacional y el Nobel de Literatura; además fue miembro de la Real Academia Española durante varios años y se lo considera una figura indiscutible de la poesía de la Generación del 27.
Entre sus obras podemos destacar "Ámbito", "Espadas como labios" y "Sombra del paraíso". En nuestra web podrás leer algunos de sus poemas, tales como "Canción a una muchacha muerta", "En el fondo del pozo" y "Se querían".
Desde pequeño se sintió atraído por el mundo de las letras, sin embargo estudió derecho y trabajó durante varios años en los juzgados. Su verdadera opción por la literatura tuvo lugar a partir de una enfermedad grave que padeció en 1925, desde entonces ya no pudo separarse de la creación literario.
Durante toda su vida contó con el apoyo y la amistad de ciertas figuras imprescindibles de la lírica malagueña como Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.
Cabe mencionar que Aleixandre fue galardonado con numerosos y prestigiosos premios, entre los que se encontraron el Nacional y el Nobel de Literatura; además fue miembro de la Real Academia Española durante varios años y se lo considera una figura indiscutible de la poesía de la Generación del 27.
Entre sus obras podemos destacar "Ámbito", "Espadas como labios" y "Sombra del paraíso". En nuestra web podrás leer algunos de sus poemas, tales como "Canción a una muchacha muerta", "En el fondo del pozo" y "Se querían".
TEN ESPERANZA
Lo comprendes? Lo has comprendido.
¿Lo repites? Y lo vuelves a repetir.
Siéntate. No mires hacia atrás. ¡Adelante!
Adelante. Levántate. Un poco más. Es la vida.
Es el camino. ¿Que llevas la frente cubierta de sudores,
con espinas, con polvo, con amargura, sin amor, sin
mañana?…
Sigue, sigue subiendo. Falta poco. Oh, qué joven eres.
Qué joven, qué jovencísimo, que recién nacido. Qué ignorante.
Entre tus pelos grises caídos sobre la frente brillan tus claros
ojos azules,
tus vividos, tus lentos ojos puros, allí quedados bajo algún velo.
Oh, no vaciles y álzate. Álzate todavía. ¿Qué quieres?
Coge tu palo de fresno blanco y apóyate. Un brazo a tu lado
quisieras. Míralo.
Míralo, ¿no lo sientes? Allí, súbitamente, está quieto. Es un bulto
silente.
Apenas si el color de su túnica lo denuncia. Y en tu oído una
palabra no pronunciada.
Una palabra sin música, aunque tú la estés escuchando.
Una palabra con viento, con brisa fresca. La que mueve tus
vestidos gastados.
La que suavemente orea tu frente. La que seca tu rostro,
la que enjuga el rastro de aquellas lágrimas.
La que atusa, apenas roza tu cabello gris ahora en la
inmediación de la noche.
Cógete a ese brazo blanco. A ese que apenas conoces, pero
que reconoces.
Yérguete y mira la raya azul del increíble crepúsculo,
la raya de la esperanza en el límite de la tierra.
Y con grandes pasos seguros, enderézate, y allí apoyado,
confiado, solo,
échate rápidamente a andar…
¿Lo repites? Y lo vuelves a repetir.
Siéntate. No mires hacia atrás. ¡Adelante!
Adelante. Levántate. Un poco más. Es la vida.
Es el camino. ¿Que llevas la frente cubierta de sudores,
con espinas, con polvo, con amargura, sin amor, sin
mañana?…
Sigue, sigue subiendo. Falta poco. Oh, qué joven eres.
Qué joven, qué jovencísimo, que recién nacido. Qué ignorante.
Entre tus pelos grises caídos sobre la frente brillan tus claros
ojos azules,
tus vividos, tus lentos ojos puros, allí quedados bajo algún velo.
Oh, no vaciles y álzate. Álzate todavía. ¿Qué quieres?
Coge tu palo de fresno blanco y apóyate. Un brazo a tu lado
quisieras. Míralo.
Míralo, ¿no lo sientes? Allí, súbitamente, está quieto. Es un bulto
silente.
Apenas si el color de su túnica lo denuncia. Y en tu oído una
palabra no pronunciada.
Una palabra sin música, aunque tú la estés escuchando.
Una palabra con viento, con brisa fresca. La que mueve tus
vestidos gastados.
La que suavemente orea tu frente. La que seca tu rostro,
la que enjuga el rastro de aquellas lágrimas.
La que atusa, apenas roza tu cabello gris ahora en la
inmediación de la noche.
Cógete a ese brazo blanco. A ese que apenas conoces, pero
que reconoces.
Yérguete y mira la raya azul del increíble crepúsculo,
la raya de la esperanza en el límite de la tierra.
Y con grandes pasos seguros, enderézate, y allí apoyado,
confiado, solo,
échate rápidamente a andar…
Se querían.
Sufrían
por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad
luz.
Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.
Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.
MANOS
transparente, tangible, atravesada por la luz,
hermosa, viva, casi humana en la noche.
Con reflejo de luna, con dolor de mejilla, con
vaguedad de sueño
mírala así crecer, mientras alzas el brazo,
búsqueda inútil de una noche perdida,
ala de luz que cruzando en silencio
toca carnal esa bóveda oscura.
No fosforece tu pesar, no ha atrapado
ese caliente palpitar de otro vuelo.
Mano volante perseguida: pareja.
Dulces, oscuras, apagadas, cruzáis.
Sois las amantes vocaciones, los signos
que en la tiniebla sin sonido se apelan.
Cielo extinguido de luceros que, tibios,
campo a los vuelos silenciosos te brindas.
Manos de amantes que murieron, recientes,
manos con vida que volantes se buscan
y cuando chocan y se estrechan encienden
sobre los hombres una luna instantánea.
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