Personajes
-Juez
-Escribano
-Procurador
·
Cuarentañera (Marina)
·
Viejete (Lorenzo)
Ø Trabajador
de la construcción en paro (José)
Ø La Pija
(Inés)
§ Hombre,
antigua mujer (Andrés)
§ Mujer,
antiguo hombre (Daniela)
§ Amante
-Tuna
Sale el
JUEZ seguido por el ESCRIBANO y el PROCURADOR y los tres se sientan en una
silla. Después, salen MARINA y LORENZO.
MARINA: ¡Al fin han
llegado ustedes! Llevamos esperando desde las diez. Aunque bien pensado, sería
capaz de esperar mucho más con tal de quitarme este peso muerto de encima y ser
libre.
LORENZO: ¿Muerto?
Así es como te gustaría que estuviera yo, mala bruja. Y así te quedarías con
todo, todo lo que me ha costado años de esfuerzo, para malgastarlo con tu mala
vida.
JUEZ: Señores, no
se alteren. ¿Pueden decirme por qué han venido hoy aquí?
MARINA: ¡Por el
divorcio!
JUEZ: ¿De
quién, o por qué, señora?
MARINA: ¿De quién
cree usted? De este vejestorio y mío.
JUEZ: ¿Y por
qué?
MARINA: ¿No lo
ve? ¡Míreme! Yo, una joven con mucho por delante, en sus mejores años, con
energía de sobra e ilusión por vivir… Al lado de esto, que poco le falta para
ser polvo, que apenas se mueve y que solo sabe gruñir como perro viejo que es.
Cuando nos casamos sabía que la diferencia de edad no sería fácil… Pero por
aquel entonces yo tenía 21 y sus 34 años me parecían estar muy lejos de la
jubilación… Y ahora, pasado el tiempo, veo que estos 13 años que nos llevamos pesan
más que todos los que llevamos juntos. Y es que él tiene el pelo canoso, la
piel más arrugada que una pasa y el aliento apestoso por sus dientes podridos.
LORENZO: ¡Si tú no
tienes el pelo blanco es por el tinte! Y no has tenido que soportar nada. Desde
que nos casamos, yo fui el que siempre trabajo y te lo daba todo. Si hablamos
de soportar… Yo te estoy soportando a ti a duras penas. ¡Madura Marina, que ya
no tienes 20 años! Te maquillas como una puerta todos los días, te pones la
ropa de tu hija, estás enganchada al ordenador y al feisbus ese todo el rato, y
por la noche te vas a la discoteca. ¡A tu edad! Y encima al gilipollas al que
le toca sacar el coche para recogerte soy yo. ¡Yo sí que he tenido que
soportar!...
ESCRIBANO (Por
lo bajo): Señor, ¿incluyo “gilipollas” en la declaración?
JUEZ: Quite,
quite, que estas tonterías se reciclan luego y a mi hija le encanta pintar.
LORENZO:…A ver si abres ya los ojos y te das cuenta de que tu
también te has arrugado. Y te has podrido, ¡porque la mala víbora que eres no
es aquella con la que me casé!
PROCURADOR: En fin,
señores, cálmense. Siendo de mutuo acuerdo hoy en día no hay problema, no
necesitan tampoco tantas excusas.
MARINA: Si por mí
fuese… pero aquí le tiene usted al señor, que no se quiere divorciar.
JUEZ: ¿Pero
cómo? ¿No se quiere usted divorciar?
LORENZO: En mi
época eso no existía. Teníamos valores. Cargábamos con nuestras acciones. Si me
casé yo con una muchachita que terminó saliéndome inmadura y venenosa, me
aguantaré y conseguiré que entre en razón. Una mujer de bien, casada, no
tendría que andar por la noche de fiesta por ahí todos los días… Que uno
entiende que un día o dos alguien quiera recordar sus años mozos, pero día tras
día uno se harta. Y es que entiendo que nuestra hija pasase por esa etapa en la
adolescencia, pero Marina tiene ya los 52 años… ¡Y la crisis de los cuarenta la
empezó hace 12 años! ¿No cree usted que ya está bien? Que con la edad que tiene
no debería andar de “pingo” y debería comportarse como una mujer hecha y derecha.
MARINA: Ahora
estoy disfrutando de todo lo que me perdí por casarme contigo tan joven… Mis
mejores años te los llevaste, y aún puedo recuperarlos. Y ni tú ni nadie me
parará.
ESCRIBANO(Al
procurador): Quizá la artrosis.
PROCURADOR(Al
escribano): O quizá se ahogue entre todo el pote de maquillaje.
JUEZ: Ejem,
ejem… Bueno, viendo lo visto, no hay gran complicación en el caso. Si ustedes no se aclaran, esto no llegará a
ninguna parte.
PROCURADOR: Buen
hombre, no sea usted tozudo.
ESCRIBANO: Si no se
soportan, por Dios. A veces ceder no significa perder.
PROCURADOR:
Así es. Ganaría, como mínimo, en salud.
LORENZO: Que no,
no insistan.
ESCRIBANO: Si al
final hay quien sufre porque quiere.
PROCURADOR: De todo
tiene que haber.
JUEZ: Entonces,
este divorcio no se puede celebrar por ahora. Vuelvan cuando se hayan aclarado
ambos.
Entra en
ese momento un hombre (JOSÉ) vestido con ropa sencilla, seguido por una mujer
(INÉS) vestida con ropa de marca y con un peinado muy elaborado.
JUEZ: Bueno, ¿ustedes qué quieren?
INÉS: Pregunte a
mi marido, señor, que a veces tiene unas ideas…
JOSE: Verá señor
Juez, nosotros veníamos aquí a divorciarnos.
PROCURADOR: Vaya,
menudo día. Ya son los segundos…
ESCRIBANO: ¿No ve que
últimamente está de moda separarse?
INÉS: Señor,
usted no le haga caso. Yo he venido aquí simplemente para ahorrarle a usted el
trabajo de escucharle, que mi Jose a veces se empeña en alguna idiotez y hasta
que no se lo digo yo, no lo ve.
JOSE: Pero
bueno, sabré yo lo que quiero. Señor Juez, creo que se puede ver a simple vista
por qué quiero divorciarme de ella
JUEZ: Pues… en
principio no veo nada.
JOSE: Tan sólo
mírenos… Yo soy un simple currante, y siempre he sido de llevar una vida
sencilla, sin grandes lujos, y ella… ¡Mírela! Con sus vestiditos y su bolso de
marca, y ni hablar de los zapatos…
INÉS: Ya
empezamos… (Resopla).
JOSE: Hasta que no me despidieron y no
pasé más tiempo en casa no me di cuenta de con quien vivía… Ese mísero bolso
que lleva hoy, ¿lo ve? ¡Pues cuesta mi sueldo de tres meses!
INÉS: Ay, Jose,
eres un exagerado.
JOSE: ¿¡Un
exagerado!? Inés, están a punto de echarnos de nuestra propia casa y todo
porque en lugar de ahorrar como deberías, has vivido como una niña mimada con
los malditos caprichos… Y tus caprichos nos han llevado a la ruina, ¿entiendes?
¡A la ruina!
INÉS: ¿Mis
caprichos? ¡Eres tú al que despidieron! Si no estuvieses en paro no estaríamos
así.
JOSE: Pero ¿te
estás escuchando? ¡Ahora resulta que será mi culpa no tener trabajo! Toda mi
vida trabajando como un burro para mantener a la señorita, y que ella vaya al
gym ese, se compre tonterías y vaya de tiendas todos los fines de semana.
INÉS: No he ido
todos los fines de semana… y yo me he quedado siempre en casa, limpiándola y
cocinando para ti… es lógico que de vez en cuando me permita un capricho creo
yo…(Acercándose al borde del escenario y hablando directamente con el público) A
ver, estoy segura de que ustedes me comprenderán… A una la llaman sus amigas
para tomar un café y no dice que no, en lugar de quedarse encerrada en casa
todo es mejor… y si luego Rosi o Pili proponen ir de compras, ¿quién les haría
un feo marchándose? Y claro, ya que entras a una tienda, lo suyo es comprar
algo… y si lo único que te gusta es un bolso, aunque sea un poco caro… ay,
¿quién le va a decir que no? Si hasta parece que te ponen ojitos y que te piden
que les des un hogar… y viendo como me hacen ojitos, una no se puede resistir…
te conmueven y te propones darles una casa… y por ello no creo que una merezca
el nombre de caprichosa, de vez en cuando acoger un bolso o unos zapatos que
están en una tienda sin recibir nada de cariño humano es una obra de buena fe.
JOSE: ¡Pero
tendrás cara! Pues yo sí que te veo como una malcriada caprichosa. No puedes
pretender que yo me parta la espalda solo para que fardes con las pijas de tus
amigas. Inés, nosotros somos de clase trabajadora, hay un nivel de vida que no
podemos llevar… pero a ti te da todo igual. Menos mal que he abierto los ojos,
más vale tarde que nunca… no necesito una sanguijuela como tú que me exprima mi
trabajo.
INÉS: ¡Sanguijuela!
Serás… Serás…
PROCURADOR:
(a la primera pareja) Miren, les podría ir peor a ustedes.
ESCRIBANO: Al menos
ustedes mantendrán el techo en el que tantos recuerdos han creado peleando.
LORENZO: Y allí
seguiremos.
MARINA: Veremos
cuánto tiempo aguantas, vejestorio.
(En ese momento INÉS,
que había permanecido mirando con odio a JOSE
al borde del llanto, se acerca rápidamente a él y le abofetea. JOSE se lleva una mano a la mejilla y
la mira con los ojos abiertos)
ESCRIBANO: Vaya…
PROCURADOR: (Jocoso)
¿Has traído palomitas?
JOSE: ¿¡En qué
demonios estás pensando!? ¿¡Te has vuelto loca o qué!?
JUEZ: Mantengan
la calma, señores.
JOSE: El único
motivo por el que no te quieres separar es para seguir chupando del bote,
asquerosa sanguijuela. Hasta aquí hemos llegado, nos separemos o no hoy aquí,
cojo mis maletas y me largo.
INÉS: Cariño… yo
no pretendía… yo… (Se ve repentinamente interrumpida)
Entran en
ese momento ANDRÉS y DANIELA
DANIELA: ¡Señor
Juez, quiero que nos divorcie!
PROCURADOR: Oye,
ESCRIBANO…
ESCRIBANO: Dime.
PROCURADOR:
¿Quién es el marido y quién la esposa?
ESCRIBANO:
Sinceramente, no lo sé…
JUEZ: A ver,
calma señores. Antes de nada, por favor, que Doña INÉS y Don JOSE tomen asiento
aquí, junto a la otra pareja. Aprovechen para intentar llegar a un acuerdo si
quieren que los separe.
INÉS: Pero…
JUEZ:
(Interrumpiéndola) Más tarde volveré con ustedes. Ahora, por favor, los señores
que acaban de entrar que se expliquen adecuadamente.
DANIELA: Pues vera,
señor, ayer por la noche encontré a mi marido ANDRÉS quedando con su amante y…
JUEZ:
(Interrumpiendo de nuevo) Espere… ¿A su marido?
DANIELA: Sí, este
hombre de aquí.
JUEZ: Si acaso
será esta señorita, ¿no?
PROCURADOR: Ya la ha
cagado.
ANDRÉS: ¡Oiga! Sé
que no soy muy varonil, pero no me falte.
JUEZ: Perdone
señor… no ha sido mi intención. Tampoco quiero que piensen que tengo nada en
contra de las parejas homosexuales.
ESCRIBANO: Y ya la ha
vuelto a cagar.
DANIELA: ¡Pero qué
dice, si yo soy una mujer! ¿Es que acaso no me ve?
ESCRIBANO: Claro que
lo hace… ve la barba, y las piernas peludas.
PROCURADOR: Y ese
vozarrón, normal que se equivoque.
JUEZ: (Carraspea
haciendo callar al ESCRIBANO y al PROCURADOR): Disculpe señora, no era mi
intención…
DANIELA: Ya, ya…
menudo ojo que tiene usted.
JUEZ: Bueno,
siga contándome por qué se quiere usted divorciar.
DANIELA: Como le
estaba diciendo, cacé a mi marido hablando con su amante por teléfono… ¿Se lo
puede creer? ¡Con la belleza que tiene al lado! Yo ya sabía al casarme con el
que no tenía muchas luces… pero nunca pensé que estuviera tan ciego como para
no apreciarme.
ANDRÉS:
Precisamente eso es lo que fallo… Siempre estas por ahí exhibiéndote y veo como
todos los hombres te desnudan con la mirada… Es casi imposible no hacerlo, y ya
estoy cansado. Cansado de estar celoso, cansado de tu ego, cansado de sentirme
poca cosa a tu lado. Y mi amante me hace sentir vivo de nuevo.
DANIELA: Tu amante,
¿eh?. A saber qué clase de mujerzuela de segunda te has ligado...pero
tranquilo, que cogí tu móvil y le he escrito un mensaje pidiéndola que venga.
ANDRÉS: ¿Qué has
hecho qué? Señor Juez, ¿eso no es ilegal?
JUEZ: Si señor,
es un delito.
DANIELA: ¡No me vengas con tonterías! ¡Delito es que él me
engañe teniéndome de esposa! Pero tranquilo, cielo…Tú y yo nos divorciamos,
pero no por tu amante… ¡Si no por el mío! Me iré con otra persona…
ANDRÉS: ¿El tuyo?
DANIELA: Sí, no
eres el único que juega… si supieses quién es… nunca te lo esperarías, se ve
que un hombre como tú no me satisfacía… y busqué una mujer.
ANDRÉS: ¿Una
mujer? ¡Pero si tú siempre has dicho que nunca besarías a una!
PROCURADOR: Pero si él
parece una…
ESCRIBANO: Déjales,
no le busques sentido.
DANIELA: Pues sí,
una mujer. Y además…
Alguien
llama y entra tímidamente una mujer.
DANIELA: (a la vez)
¡Estela!
ANDRÉS: (a la vez)
¡Estela!
DANIELA: ¿Qué haces
aquí, cariño?
ESTELA: Andrés me
dijo que viniese…
ANDRÉS: Eso fue la
loca de mi mujer con mi móvil… espera,
¿cómo que cariño?
DANIELA: ¿Tu amante
es Estela?
ANDRÉS: ¿Y también
es la tuya?
ESTELA: Bueno, si no queríais nada me voy
yendo…
DANIELA: (a la vez) ¡Tú te quedas!
ANDRÉS: (a la vez)
¡Tú te quedas!
ESTELA: Vale,
vale, está bien…
JUEZ: Esperen
que me aclare… ¿Los dos tienen la misma amante?
DANIELA: Eso
parece.
JUEZ: ¿Entonces,
se van a divorciar?
ESTELA:
¿Divorciaros? ¡Ni se os ocurra! Si os entendéis muy bien normalmente… si acaso
lo que os hace falta es hablar más como pareja…
DANIELA: ¿Qué
pretendes? ¿Qué volvamos a como éramos antes?
ESTELA: No… Antes
no estaba yo… He sido amiga vuestra desde hace tiempo y me entiendo bien con
los dos… os propongo que en lugar de separaros vosotros, estemos los tres
juntos.
JUEZ: Pero, ¿qué
dice?
DANIELA: Pues… no
lo veo tan absurdo.
ANDRÉS: Quizá…
quizá funcione si es Estela…
JUEZ: ¡Ya basta!
No aguanto más… Que si la edad, que si el dinero… ¡que si una pareja de tres!
¡Todos ustedes están locos! Ninguno se toma en serio el matrimonio… ni siquiera
sé por qué se casan hoy en día sin pensarlo bien… ¡Hasta aquí llega mi
paciencia! ¡Márchense! ¡Váyanse todos de aquí! Piensen en por qué se casaron y
si se lo tomaron en serio…
MIEMBRO DE
LA TUNA: (entrando repentinamente) ¿Alguien ha dicho algo de casarse?
¡Porque aquí llega la TUNA!
Entra una
tuna tocando instrumentos y haciendo mucho alboroto. El juez empieza a lanzar
gritos contra la TUNA y trata de
echarlos inútilmente. El MIEMBRO DE LA TUNA se acerca al público, carraspea y
dice:
“Aunque hoy en día divorciarse parezca fácil
Tomaos el matrimonio con seriedad
Que los recuerdos que hagáis juntos
Hasta la tumba os seguirán.”