Páginas

EL JUEZ DE LOS DIVORCIOS (Adaptación Silvia Manzano)



Personajes
-Juez
-Escribano
-Procurador
·         Cuarentañera (Marina)
·         Viejete (Lorenzo)

Ø  Trabajador de la construcción en paro (José)
Ø  La Pija (Inés)

§  Hombre, antigua mujer (Andrés)
§  Mujer, antiguo hombre (Daniela)
§  Amante
-Tuna



Sale el JUEZ seguido por el ESCRIBANO y el PROCURADOR y los tres se sientan en una silla. Después, salen MARINA y LORENZO.
MARINA: ¡Al fin han llegado ustedes! Llevamos esperando desde las diez. Aunque bien pensado, sería capaz de esperar mucho más con tal de quitarme este peso muerto de encima y ser libre.
LORENZO: ¿Muerto? Así es como te gustaría que estuviera yo, mala bruja. Y así te quedarías con todo, todo lo que me ha costado años de esfuerzo, para malgastarlo con tu mala vida.
JUEZ: Señores, no se alteren. ¿Pueden decirme por qué han venido hoy aquí?
MARINA: ¡Por el divorcio!
JUEZ: ¿De quién, o por qué, señora?
MARINA: ¿De quién cree usted? De este vejestorio y mío.
JUEZ: ¿Y por qué?
MARINA: ¿No lo ve? ¡Míreme! Yo, una joven con mucho por delante, en sus mejores años, con energía de sobra e ilusión por vivir… Al lado de esto, que poco le falta para ser polvo, que apenas se mueve y que solo sabe gruñir como perro viejo que es. Cuando nos casamos sabía que la diferencia de edad no sería fácil… Pero por aquel entonces yo tenía 21 y sus 34 años me parecían estar muy lejos de la jubilación… Y ahora, pasado el tiempo, veo que estos 13 años que nos llevamos pesan más que todos los que llevamos juntos. Y es que él tiene el pelo canoso, la piel más arrugada que una pasa y el aliento apestoso por sus dientes podridos.
LORENZO: ¡Si tú no tienes el pelo blanco es por el tinte! Y no has tenido que soportar nada. Desde que nos casamos, yo fui el que siempre trabajo y te lo daba todo. Si hablamos de soportar… Yo te estoy soportando a ti a duras penas. ¡Madura Marina, que ya no tienes 20 años! Te maquillas como una puerta todos los días, te pones la ropa de tu hija, estás enganchada al ordenador y al feisbus ese todo el rato, y por la noche te vas a la discoteca. ¡A tu edad! Y encima al gilipollas al que le toca sacar el coche para recogerte soy yo. ¡Yo sí que he tenido que soportar!...
ESCRIBANO (Por lo bajo): Señor, ¿incluyo “gilipollas” en la declaración?
JUEZ: Quite, quite, que estas tonterías se reciclan luego y a mi hija le encanta pintar.
 LORENZO:…A ver si abres ya los ojos y te das cuenta de que tu también te has arrugado. Y te has podrido, ¡porque la mala víbora que eres no es aquella con la que me casé!
PROCURADOR: En fin, señores, cálmense. Siendo de mutuo acuerdo hoy en día no hay problema, no necesitan tampoco tantas excusas.
MARINA: Si por mí fuese… pero aquí le tiene usted al señor, que no se quiere divorciar.
JUEZ: ¿Pero cómo? ¿No se quiere usted divorciar?
LORENZO: En mi época eso no existía. Teníamos valores. Cargábamos con nuestras acciones. Si me casé yo con una muchachita que terminó saliéndome inmadura y venenosa, me aguantaré y conseguiré que entre en razón. Una mujer de bien, casada, no tendría que andar por la noche de fiesta por ahí todos los días… Que uno entiende que un día o dos alguien quiera recordar sus años mozos, pero día tras día uno se harta. Y es que entiendo que nuestra hija pasase por esa etapa en la adolescencia, pero Marina tiene ya los 52 años… ¡Y la crisis de los cuarenta la empezó hace 12 años! ¿No cree usted que ya está bien? Que con la edad que tiene no debería andar de “pingo” y debería comportarse como una mujer hecha y derecha.
MARINA: Ahora estoy disfrutando de todo lo que me perdí por casarme contigo tan joven… Mis mejores años te los llevaste, y aún puedo recuperarlos. Y ni tú ni nadie me parará.
ESCRIBANO(Al procurador): Quizá la artrosis.
PROCURADOR(Al escribano): O quizá se ahogue entre todo el pote de maquillaje.
JUEZ: Ejem, ejem… Bueno, viendo lo visto, no hay gran complicación en el caso.  Si ustedes no se aclaran, esto no llegará a ninguna parte.
PROCURADOR: Buen hombre, no sea usted tozudo.
ESCRIBANO: Si no se soportan, por Dios. A veces ceder no significa perder.
PROCURADOR: Así es. Ganaría, como mínimo, en salud.
LORENZO: Que no, no insistan.
ESCRIBANO: Si al final hay quien sufre porque quiere.
PROCURADOR: De todo tiene que haber.
JUEZ: Entonces, este divorcio no se puede celebrar por ahora. Vuelvan cuando se hayan aclarado ambos.
Entra en ese momento un hombre (JOSÉ) vestido con ropa sencilla, seguido por una mujer (INÉS) vestida con ropa de marca y con un peinado muy elaborado.
JUEZ: Bueno,  ¿ustedes qué quieren?
INÉS: Pregunte a mi marido, señor, que a veces tiene unas ideas…
JOSE: Verá señor Juez, nosotros veníamos aquí a divorciarnos.
PROCURADOR: Vaya, menudo día. Ya son los segundos…
ESCRIBANO: ¿No ve que últimamente está de moda separarse?
INÉS: Señor, usted no le haga caso. Yo he venido aquí simplemente para ahorrarle a usted el trabajo de escucharle, que mi Jose a veces se empeña en alguna idiotez y hasta que no se lo digo yo, no lo ve.
JOSE: Pero bueno, sabré yo lo que quiero. Señor Juez, creo que se puede ver a simple vista por qué quiero divorciarme de ella
JUEZ: Pues… en principio no veo nada.
JOSE: Tan sólo mírenos… Yo soy un simple currante, y siempre he sido de llevar una vida sencilla, sin grandes lujos, y ella… ¡Mírela! Con sus vestiditos y su bolso de marca, y ni hablar de los zapatos…
INÉS: Ya empezamos… (Resopla).
 JOSE: Hasta que no me despidieron y no pasé más tiempo en casa no me di cuenta de con quien vivía… Ese mísero bolso que lleva hoy, ¿lo ve? ¡Pues cuesta mi sueldo de tres meses!
INÉS: Ay, Jose, eres un exagerado.
JOSE: ¿¡Un exagerado!? Inés, están a punto de echarnos de nuestra propia casa y todo porque en lugar de ahorrar como deberías, has vivido como una niña mimada con los malditos caprichos… Y tus caprichos nos han llevado a la ruina, ¿entiendes? ¡A la ruina!
INÉS: ¿Mis caprichos? ¡Eres tú al que despidieron! Si no estuvieses en paro no estaríamos así.
JOSE: Pero ¿te estás escuchando? ¡Ahora resulta que será mi culpa no tener trabajo! Toda mi vida trabajando como un burro para mantener a la señorita, y que ella vaya al gym ese, se compre tonterías y vaya de tiendas todos los fines de semana.
INÉS: No he ido todos los fines de semana… y yo me he quedado siempre en casa, limpiándola y cocinando para ti… es lógico que de vez en cuando me permita un capricho creo yo…(Acercándose al borde del escenario y hablando directamente con el público) A ver, estoy segura de que ustedes me comprenderán… A una la llaman sus amigas para tomar un café y no dice que no, en lugar de quedarse encerrada en casa todo es mejor… y si luego Rosi o Pili proponen ir de compras, ¿quién les haría un feo marchándose? Y claro, ya que entras a una tienda, lo suyo es comprar algo… y si lo único que te gusta es un bolso, aunque sea un poco caro… ay, ¿quién le va a decir que no? Si hasta parece que te ponen ojitos y que te piden que les des un hogar… y viendo como me hacen ojitos, una no se puede resistir… te conmueven y te propones darles una casa… y por ello no creo que una merezca el nombre de caprichosa, de vez en cuando acoger un bolso o unos zapatos que están en una tienda sin recibir nada de cariño humano es una obra de buena fe.
JOSE: ¡Pero tendrás cara! Pues yo sí que te veo como una malcriada caprichosa. No puedes pretender que yo me parta la espalda solo para que fardes con las pijas de tus amigas. Inés, nosotros somos de clase trabajadora, hay un nivel de vida que no podemos llevar… pero a ti te da todo igual. Menos mal que he abierto los ojos, más vale tarde que nunca… no necesito una sanguijuela como tú que me exprima mi trabajo.
INÉS: ¡Sanguijuela! Serás… Serás…
PROCURADOR: (a la primera pareja) Miren, les podría ir peor a ustedes.
ESCRIBANO: Al menos ustedes mantendrán el techo en el que tantos recuerdos han creado peleando.
LORENZO: Y allí seguiremos.
MARINA: Veremos cuánto tiempo aguantas, vejestorio.
(En ese momento INÉS, que había permanecido mirando con odio a JOSE al borde del llanto, se acerca rápidamente a él y le abofetea. JOSE se lleva una mano a la mejilla y la mira con los ojos abiertos)
ESCRIBANO: Vaya…
PROCURADOR: (Jocoso) ¿Has traído palomitas?
JOSE: ¿¡En qué demonios estás pensando!? ¿¡Te has vuelto loca o qué!?
JUEZ: Mantengan la calma, señores.
JOSE: El único motivo por el que no te quieres separar es para seguir chupando del bote, asquerosa sanguijuela. Hasta aquí hemos llegado, nos separemos o no hoy aquí, cojo mis maletas y me largo.
INÉS: Cariño… yo no pretendía… yo… (Se ve repentinamente interrumpida)
Entran en ese momento ANDRÉS y DANIELA
DANIELA: ¡Señor Juez, quiero que nos divorcie!
PROCURADOR: Oye, ESCRIBANO…
ESCRIBANO: Dime.
PROCURADOR: ¿Quién es el marido y quién la esposa?
ESCRIBANO: Sinceramente, no lo sé…
JUEZ: A ver, calma señores. Antes de nada, por favor, que Doña INÉS y Don JOSE tomen asiento aquí, junto a la otra pareja. Aprovechen para intentar llegar a un acuerdo si quieren que los separe.
INÉS: Pero…
JUEZ: (Interrumpiéndola) Más tarde volveré con ustedes. Ahora, por favor, los señores que acaban de entrar que se expliquen adecuadamente.
DANIELA: Pues vera, señor, ayer por la noche encontré a mi marido ANDRÉS quedando con su amante y…
JUEZ: (Interrumpiendo de nuevo) Espere… ¿A su marido?
DANIELA: Sí, este hombre de aquí.
JUEZ: Si acaso será esta señorita, ¿no?
PROCURADOR: Ya la ha cagado.
ANDRÉS: ¡Oiga! Sé que no soy muy varonil, pero no me falte.
JUEZ: Perdone señor… no ha sido mi intención. Tampoco quiero que piensen que tengo nada en contra de las parejas homosexuales.
ESCRIBANO: Y ya la ha vuelto a cagar.
DANIELA: ¡Pero qué dice, si yo soy una mujer! ¿Es que acaso no me ve?
ESCRIBANO: Claro que lo hace… ve la barba, y las piernas peludas.
PROCURADOR: Y ese vozarrón, normal que se equivoque.
JUEZ: (Carraspea haciendo callar al ESCRIBANO y al PROCURADOR): Disculpe señora, no era mi intención…
DANIELA: Ya, ya… menudo ojo que tiene usted.
JUEZ: Bueno, siga contándome por qué se quiere usted divorciar.
DANIELA: Como le estaba diciendo, cacé a mi marido hablando con su amante por teléfono… ¿Se lo puede creer? ¡Con la belleza que tiene al lado! Yo ya sabía al casarme con el que no tenía muchas luces… pero nunca pensé que estuviera tan ciego como para no apreciarme.
ANDRÉS: Precisamente eso es lo que fallo… Siempre estas por ahí exhibiéndote y veo como todos los hombres te desnudan con la mirada… Es casi imposible no hacerlo, y ya estoy cansado. Cansado de estar celoso, cansado de tu ego, cansado de sentirme poca cosa a tu lado. Y mi amante me hace sentir vivo de nuevo.
DANIELA: Tu amante, ¿eh?. A saber qué clase de mujerzuela de segunda te has ligado...pero tranquilo, que cogí tu móvil y le he escrito un mensaje pidiéndola que venga.
ANDRÉS: ¿Qué has hecho qué? Señor Juez, ¿eso no es ilegal?
JUEZ: Si señor, es un delito.
DANIELA: ¡No me vengas con tonterías! ¡Delito es que él me engañe teniéndome de esposa! Pero tranquilo, cielo…Tú y yo nos divorciamos, pero no por tu amante… ¡Si no por el mío! Me iré con otra persona…
ANDRÉS: ¿El tuyo?
DANIELA: Sí, no eres el único que juega… si supieses quién es… nunca te lo esperarías, se ve que un hombre como tú no me satisfacía… y busqué una mujer.
ANDRÉS: ¿Una mujer? ¡Pero si tú siempre has dicho que nunca besarías a una!
PROCURADOR: Pero si él parece una…
ESCRIBANO: Déjales, no le busques sentido.
DANIELA: Pues sí, una mujer. Y además…
Alguien llama y entra tímidamente una mujer.
DANIELA: (a la vez) ¡Estela!
ANDRÉS: (a la vez) ¡Estela!
DANIELA: ¿Qué haces aquí, cariño?
ESTELA: Andrés me dijo que viniese…
ANDRÉS: Eso fue la loca de mi mujer con mi móvil…  espera, ¿cómo que cariño?
DANIELA: ¿Tu amante es Estela?
ANDRÉS: ¿Y también es la tuya?
ESTELA: Bueno, si no queríais nada me voy yendo…
DANIELA: (a la vez) ¡Tú te quedas!
ANDRÉS: (a la vez) ¡Tú te quedas!
ESTELA: Vale, vale, está bien…
JUEZ: Esperen que me aclare… ¿Los dos tienen la misma amante?
DANIELA: Eso parece.
JUEZ: ¿Entonces, se van a divorciar?
ESTELA: ¿Divorciaros? ¡Ni se os ocurra! Si os entendéis muy bien normalmente… si acaso lo que os hace falta es hablar más como pareja…
DANIELA: ¿Qué pretendes? ¿Qué volvamos a como éramos antes?
ESTELA: No… Antes no estaba yo… He sido amiga vuestra desde hace tiempo y me entiendo bien con los dos… os propongo que en lugar de separaros vosotros, estemos los tres juntos.
JUEZ: Pero, ¿qué dice?
DANIELA: Pues… no lo veo tan absurdo.
ANDRÉS: Quizá… quizá funcione si es Estela…
JUEZ: ¡Ya basta! No aguanto más… Que si la edad, que si el dinero… ¡que si una pareja de tres! ¡Todos ustedes están locos! Ninguno se toma en serio el matrimonio… ni siquiera sé por qué se casan hoy en día sin pensarlo bien… ¡Hasta aquí llega mi paciencia! ¡Márchense! ¡Váyanse todos de aquí! Piensen en por qué se casaron y si se lo tomaron en serio…
MIEMBRO DE LA TUNA: (entrando repentinamente) ¿Alguien ha dicho algo de casarse? ¡Porque aquí llega la TUNA!
Entra una tuna tocando instrumentos y haciendo mucho alboroto. El juez empieza a lanzar gritos contra la TUNA y trata  de echarlos inútilmente. El MIEMBRO DE LA TUNA se acerca al público, carraspea y dice:
“Aunque hoy en día divorciarse parezca fácil
Tomaos el matrimonio con seriedad
Que los recuerdos que hagáis juntos
Hasta la tumba os seguirán.”