Pic – Nic de Fernando
Arrabal.
PERSONAJES: ZAPO. SEÑOR TEPÁN. ZEPO.
PRIMER CAMILLERO. CAMILLERO SEGUNDO (Propuesta de REPARTO: Antonio como Zapo, David como Zepo, Joel como Sr. Tepán, Sandra como Sra. Tepán, ¿camilleros? pueden ser Iván y Nacho aunque estén en otra obra son papeles cortos)
Decorado: Campo de batalla.Cruza el escenario, de derecha a izquierda,
una alambrada.
Junto a esta alambrada hay unos sacos de tierra,
(La
batalla hace furor. Se oyen tiros, bombazos, ráfagas de
ametralladora.ZAPO, solo en escena, está acurrucado entre los sacos. Tiene
mucho miedo. Cesa el combate. Silencio. ZAPO saca de una cesta de
tela una madeja de lana y unas agujas. Se pone a hacer un jersey que
ya tiene bastante avanzado. Suena el timbre del teléfono de campaña
que ZAPO tiene a su lado.)
ZAPO.-Diga... Diga... A sus
órdenes mi capitán... En efecto, soy el centinela de la cota 47... Sin novedad,
mi capitán... Perdone, mi capitán, ¿cuándo comienza otra vez la batalla?.. Y
las bombas, ¿cuándo las tiro?.. ¿Pero, por fin, hacia dónde las tiro, hacia
atrás o hacia adelante?.. No se ponga usted así conmigo. No lo digo
para molestarle... Capitán, me encuentro muy solo. ¿No podría enviarme un
compañero?.. Aunque sea la cabra... (El capitán le riñe.) A sus
órdenes... A sus órdenes, mi capitán. (ZAPO cuelga el teléfono. Refunfuña.)
(Silencio.
Entra en escena el matrimonio TEPÁN con cestas, como sivinieran
a pasar un día en el campo. Se dirigen
a su hijo, ZAPO, que, de espaldas y escondido entre los
sacos, no ve lo que pasa.)
SR. TEPÁN.-
(Ceremoniosamente.) Hijo, levántate y besa en la frente a tu madre.
(ZAPO, aliviado y sorprendido, se levanta y besa en la frente a
su madre con mucho respeto. Quiere hablar. Su padre le interrumpe.) Y
ahora, bésame a mí. (Lo besa en la frente.)
ZAPO.-Pero papaítos, ¿cómo os
habéis atrevido a venir aquí con lo peligroso que es? Iros inmediatamente.
SR. TEPÁN.- ¿Acaso quieres dar a
tu padre una lección de guerras y peligros? Esto para mí es un pasatiempo.
Cuántas veces, sin ir más lejos, he bajado del metro en marcha.
SRA. TEPÁN.-Hemos pensado que te
aburrirías, por eso te hemos venido a ver. Tanta guerra te tiene que aburrir.
ZAPO.-Eso depende.
SR. TEPÁN.-Muy bien sé yo lo que
pasa. Al principio la cosa de la novedad gusta. Eso de matar y de tirar bombas
y de llevar casco, que hace tan elegante, resulta agradable, pero terminará por
fastidiarte. En mi tiempo hubiera pasado otra cosa. Las guerras eran mucho
más variadas, tenían color. Y, sobre todo, había caballos, muchos caballos.
Daba gusto: que el capitán decía: «al ataque», ya estábamos allí todos con el
caballo y el traje de color rojo. Eso era bonito. Y luego, unas galopadas con la
espada en la mano y ya estábamos frente al enemigo, que también estaba a ]a
altura de las circunstancias, con sus caballos -los caballos nunca faltaban,
muchos caballos y muy gorditos- y sus botas de charol y sus trajes verdes.
SRA. TEPÁN.-No, no eran verdes
los trajes del enemigo, eran azules. Lo recuerdo muy bien, eran azules
SR. TEPÁN.-Te digo que eran
verdes.
SRA. TEPÁN.-No, te repito que
eran azules. Cuántas veces, de niñas, nos asomábamos al balcón para ver batallas
y yo le decía al vecinito: «Te apuesto una chocolatina a que ganan los
azules.» Y los azules eran nuestros enemigos.
SR. TEPÁN.-Bueno, para ti la
perra gorda.
SRA. TEPÁN.-Yo siempre he sido
muy aficionada a las batallas. Cuando niña, siempre decía que sería, de mayor,
coronel de caballería. Mi mamá se opuso,
ya conoces
sus ideas anticuadas.
SR. TEPÁN.-Tu madre siempre tan
burra.
ZAPO.-Perdonadme. Os tenéis
que marchar. Está prohibido venir a la guerra si no se es soldado.
SR. TEPÁN.-A mí me importa un
pito. Nosotros no venimos al frente para hacer la guerra. Sólo queremos pasar
un día de campo contigo, aprovechando que es domingo.
SRA. TEPÁN.-Precisamente he
preparado una comida muy buena. He hecho una tortilla de patatas que tanto te
gusta, unos bocadillos de jamón, vino tinto, ensalada y pasteles.
ZAPO.-Bueno, lo que queráis, pero
si viene el capitán, yo diré que no sabía nada. Menudo se va a poner. Con lo
que le molesta a él eso de que haya visitas en la guerra. Él nos repite
siempre: «en la guerra, disciplina y bombas, pero nada de visitas».
SR. TEPÁN.-No te preocupes, ya le
diré yo un par de cosas a ese capitán.
ZAPO.- ¿Y si comienza otra vez la
batalla?
SR. TEPÁN.- ¿Te piensas que me
voy a asustar? En peores me he visto. Y si aún fuera como antes, cuando había
batallas con caballos gordos. Los tiempos han cambiado,
¿comprendes? (Pausa.). Hemos venido en motocicleta. Nadie nos ha
dicho nada.
ZAPO.-Supondrían que erais los
árbitros.
SR. TEPÁN._Lo malo fue que, como
había tantos tanques y jeeps, resultaba muy difícil avanzar.
SRA. TEPÁN.-Y luego, al
final, acuérdate aquel cañón que hizo un embotellaje.
SR. TEPÁN.-De las guerras, es
bien sabido, se puede esperar todo.
SRA. TEPÁN.-Bueno, vamos a comer.
SR. TEPÁN.-Sí, vamos, que tengo
un apetito enorme. A mí, este tufillo de pólvora, me abre el apetito.
SRA. TEPÁN.-Comeremos aquí mismo,
sentados sobre la manta.
ZAPO.- ¿Como con el fusil?
SR. TEPÁN.-Nada de fusiles. Es de
mala educación sentarse a la mesa con fusil.(Pausa) Pero qué sucio estás,
hijo mío… ¿Cómo te has puesto así? Enséñame las manos.
ZAPO.- (Avergonzado, se las
muestra.) Me he tenido que arrastrar por el suelo con eso de las
maniobras.
SRA. TEPÁN.-Y las orejas, ¿qué?
ZAPO.-Me las he lavado esta
mañana.
SRA. TEPÁN.-Bueno, pueden pasar.
¿Y los dientes? (Enseña los dientes.) Muy bien. ¿Quién le va a dar a
su niñito un besito por haberse lavado los dientes? (A su
marido.) Dale un beso a tu hijo que se ha lavado bien los
dientes. (El SR. TEPÁNbesa a su hijo.) Porque lo que no se te
puede consentir es que con el cuento de
la guerra
te dejes de lavar.
ZAPO.-Sí, mamá. (Se ponen a
comer).
SR. TEPÁN.-Qué, hijo mío, ¿has
matado mucho?
ZAPO.- ¿Cuándo?
SR. TEPÁN.-Pues estos días.
ZAPO.- ¿Dónde?
SR. TEPÁN.-Pues en esto de la
guerra.
ZAPO.-No mucho. He matado poco.
Casi nada.
SR. TEPÁN.- ¿Qué es lo que has
matado más, caballos enemigos o soldados?
ZAPO.-No, caballos no. No hay
caballos.
SR. TEPÁN.- ¿Y soldados?
ZAPO.-A lo mejor.
SR. TEPÁN.- ¿A lo mejor? ¿Es que
no estás seguro?
ZAPO.-Sí, es que disparo sin
mirar. (Pausa.) De todas formas, disparo muy poco. Y cada vez que
disparo, rezo un Padrenuestro por el tío que he matado.
SR. TEPÁN.-Tienes que tener más
valor. Como tu padre.
SRA. TEPÁN.-Voy a poner un disco
en el gramófono.
(Pone un disco.
Los tres, sentados en el suelo, escuchan).
SR. TEPÁN.-Esto es música, sí
señor.
(Continúa
la música. Entra un soldado enemigo: ZEPO. Viste como ZAPO.Sólo
cambia el color del traje. ZEPO va de verde y ZAPO de
gris. ZEPO, extasiado, oye la música a espaldas de la
familia TEPÁN. Termina el disco. Al ponerse de
pie, ZAPO descubre a ZEPO. Ambos se ponen manos arriba
llenos de terror. Los esposos TEPÁN los contemplan extrañados.)
SR. TEPÁN.- ¿Qué pasa?
(ZAPO reacciona.
Duda. Por fin, muy decidido, apunta con el fusil aZEPO).
ZAPO.- ¡Manos arriba!
(ZEPO levanta
aún más las manos, todavía más amedrentado. ZAPO no sabe qué
hacer. De pronto, va hacia ZEPO y le golpea suavemente en el
hombro mientras le dice):
ZAPO.- ¡Pan y tomate para que no
te escapes!
SR. TEPÁN.-Bueno, ¿y ahora, qué?
ZAPO.-Pues ya ves, a lo mejor, en
premio, me hacen cabo.
SR. TEPÁN.-Átale, no sea que se
escape.
ZAPO.- ¿Por qué atarle?
SR. TEPÁN.-Pero, ¿es que aún no
sabes que a los prisioneros hay que atarles inmediatamente?
ZAPO.- ¿Cómo le ato?
SR. TEPÁN.-Átale las manos.
SRA. TEPÁN.-Sí. Eso sobre todo.
Hay que atarle las manos. Siempre he visto que se hace así.
ZAPO.-Bueno. (Al
prisionero.) Haga el favor de poner las manos juntas, que le voy a atar.
ZEPO.-No me haga mucho daño.
ZAPO.-No.
ZEPO.-Ay, qué daño me hace...
SR. TEPÁN.-Hijo, no seas burro.
No maltrates al prisionero.
SRA. TEPÁN.- ¿Eso es lo que yo te
he enseñado? ¿Cuántas veces te he repetido que hay que ser bueno con todo el
mundo?
ZAPO.-Lo había hecho sin mala
intención. (A ZEPO.) ¿Y así, le hace daño?
ZEPO.-No. Así, no.
SR. TEPÁN.-Diga usted la verdad.
Con toda confianza. No se avergüence porque estemos delante. Si le molestan,
díganoslo y se las ponemos más suavemente.
ZEPO.-Así está bien.
SR. TEPÁN.-Hijo átale también los
pies para que no se escape.
ZAPO.- ¿También los pies? Qué de
cosas…
SR. TEPÁN.-Pero ¿es que no te han
enseñado 1as ordenanzas?
ZAPO.-Sí.
SR. TEPÁN.-Bueno, pues todo eso
se dice en las ordenanzas.
ZAPO.- (Con muy buenas
maneras.) Por favor tenga la bondad de sentarse en el suelo que le vaya
atar los pies.
ZEPO.-Pero no me haga daño como
la primera vez.
SR. TEPÁN.-Ahora te vas a ganar
que te tome tirria.
ZAPO.-No me tomará tirria. ¿Le
hago daño?
ZEPO.-No. Ahora está perfecto.
ZAPO.- (Iluminado por una
idea.) Papá, hazme una foto con el prisionero en el suelo y yo con un pie
sobre su tripa. ¿Te parece?
SR. TEPÁN.- ¡Ah, sí! ¡Qué bien va
a quedar!
ZEPO.-No. Eso no.
SRA. TEPÁN.-Diga usted que sí. No
sea testarudo.
ZEPO.-No. He dicho que no y es
que no.
SRA. TEPÁN.-Pero total, una foto
de nada no tiene importancia para usted y nosotros podríamos colocarla en el
comedor junto al diploma de salvador de náufragos que ganó mi marido hace
trece años...
ZEPO.-No crean que me van a
convencer.
ZAPO.-Pero, ¿por qué no quiere?
ZEPO.-Es que tengo una novia, y
si luego ella ve la foto va a pensar que no sé hacer la guerra.
ZAPO.-No. Dice usted que no es
usted; que lo que hay debajo es una pantera.
SRA. TEPÁN.-Ande, diga que sí.
ZEPO.-Bueno. Pero sólo por
hacerles un favor.
ZAPO.-Póngase completamente
tumbado.
(ZEPO se
tiende sobre el suelo. ZAPO coloca un pie sobre su tripa y, con aire
muy fiero, agarra el fusil.)
SRA. TEPÁN,-Saca más el pecho.
ZAPO.- ¿Así?
SRA. TEPÁN.-Sí. Eso. Así. Sin
respirar.
SR. TEPÁN.-Pon más cara de héroe.
ZAPO.- ¿Cómo es la cara de héroe?
SR. TEPÁN.-Es bien sencillo: pon
la misma cara que ponía el carnicero cuando contaba sus conquistas amorosas.
ZAPO.- ¿Así?
SR. TEPÁN.-Sí,
así.
SRA. TEPÁN.-Sobre todo, hincha
bien el pecho y no respires.
ZEPO.-Pero, ¿van a
terminar de una vez?
SR. TEPÁN.-Tenga un poco de
paciencia. A la una, a las dos y... a las tres.
ZAPO.-Tengo que haber
salido muy bien.
SRA. TEPÁN.-Sí, tenías el aire
muy marcial.
SR. TEPÁN.-Sí, has quedado
muy bien.
SRA. TEPÁN.-A mí también me han
entrado ganas de hacerme una contigo.
SR. TEPÁN.-Sí, una nuestra
quedará también muy bien.
ZAPO.-Bueno, si queréis yo os la
hago.
SRA. TEPÁN.- ¿Me dejarás el casco
para hacer más militar?
ZEPO.-No quiero más fotos. Con
una ya hay de sobra.
ZAPO.-No se ponga usted así. ¿A
usted que más le da?
zEPO.-Nada, no
consiento que me hagan más fotos. Es mi última palabra.
SR. TEPÁN.-(A su
mujer.) No insistáis más. Los prisioneros suelen ser muy susceptibles. Si
continuamos así, se disgustará y nos ahogará la fiesta.
ZAPO.-Bueno, ¿y qué hacemos ahora
con el prisionero?
SRA. TEPÁN.-Lo podemos invitar a
comer. ¿Te parece?
SR. TEPÁN.-Por mí no hay
inconveniente.
ZAPO.-(A ZEPO). ¿Qué?
¿Quiere comer con nosotros?
ZEPO.-Pues...
SR. TEPÁN.-Hemos traído un buen
tintorro.
ZEPO.-Si es así bueno.
SR. TEPÁN.-Usted haga como si
estuviera en su casa. Pídanos lo que quiera.
ZEPO.-Bueno.
SR. TEPÁN.- ¿Qué?, ¿y usted, ha
matado mucho?
ZEPO.- ¿Cuándo?
SR. TEPÁN.-Pues estos días.
ZEPO.- ¿Dónde?
SR. TEPÁN.-Pues en esto de la
guerra.
ZEPO.-No mucho. He matado poco.
Casi nada.
SR. TEPÁN.- ¿Qué es lo que ha
matado más, caballos enemigos o soldados?
ZEPO.-No, caballos no. No hay
caballos.
SR. TEPÁN.- ¿Y soldados?
ZEPO.-A lo mejor.
SR. TEPÁN.- ¿A lo mejor? ¿Es que
no está seguro?
ZEPO.-Sí, es que disparo sin
mirar. (Pausa.) De todas formas, disparo muy poco. Y cada vez que
disparo, rezo un Avemaría por el tío que he matado.
SR. TEPÁN.-
¿Un Avemaría? Yo creí que rezaría un Padrenuestro.
ZEPO.-No. Siempre
un Avemaría. (Pausa.) Es más corto.
SR. TEPÁN.-Ánimo, hombre. Hay que
tener más valor.
SRA. TEPÁN.- (A ZEPO.) Si
quiere usted, le soltamos las ligaduras.
ZEPO.-No, déjelo, no tiene
importancia.
SR. TEPÁN.-No vaya usted ahora a
andar con vergüenzas con nosotros. Si quiere que le soltemos las ligaduras,
díganoslo.
SRA. TEPÁN.-Usted póngase lo más
cómodo que pueda.
ZEPO.-Bueno, si se ponen así,
suéltenme las ligaduras. Pero sólo se lo digo por darles gusto.
SR. TEPÁN.-Hijo,
quítaselas. (ZAPO le quita las ligaduras de los pies.)
SRA. TEPÁN.- ¿Qué, se encuentra
usted mejor?
ZEPO.-Sí, sin duda. A lo mejor
les estoy molestando mucho.
SR. TEPÁN.-Nada de molestarnos,
Usted, considérese como en su casa. Y si quiere que le soltemos las manos, no
tiene nada más que pedírnoslo.
ZEPO.-No. Las manos, no. Es pedir
demasiado.
SR. TEPÁN.-Que no, hombre que no.
Ya le digo que no nos molesta en absoluto.
ZEPO.-Bueno... entonces,
desátenme las manos. Pero sólo para comer, ¿eh?, que no quiero yo que me digan
luego que me ofrecen el dedo y me tomo la mano entera.
SR. TEPÁN.-Niño, quítale las
ligaduras de las manos.
SRA. TEPÁN.-Qué bien, con lo
simpático que es el señor prisionero, vamos a pasar un buen día de campo.
ZEPO.-No tiene usted que decirme
«señor prisionero», diga «prisionero» a secas.
SRA. TEPÁN.- ¿No le va a
molestar?
ZEPO.-No, en absoluto.
SR. TEPÁN.-Desde luego hay que
reconocer que es usted modesto.
(Ruido de aviones.)
ZAPO.-Aviones. Seguramente van a
bombardeamos.
(ZAPO y ZEPO se
esconden. (A toda prisa, entre los sacos terreros.)
ZAPO.-( A sus
padres.) Poneos al abrigo. Os van a caer las bombas encima.
(Se impone poco a poco el ruido
de los aviones. Inmediatamente empiezan a caer bombas. Explotan cerca, pero
ninguna cae en el escenario. Gran estruendo.ZAPO y ZEPO están
acurrucados, entre los sacos. El SR. TEPÁN habla tranquilamente con
su esposa. Ella le responde en un tono también muy tranquilo. No se oye su
diálogo a causa del bombardeo. La SRA. TEPÁN se dirige a una de las cestas
y saca un paraguas. Lo abre. Los TEPÁN se cubren con el paraguas como
si estuviera lloviendo. Están de pie. Parecen mecerse con una cadencia
tranquila apoyándose alternativamente en uno y otro pie mientras hablan de sus
cosas. Continúa, el bombardeo. Los aviones se van alejando. Silencio.
El SR. TEPÁN extiende un brazo y lo saca del paraguas para asegurarse
de que ya no cae nada del cielo.)
SR. TEPÁN.-
(A su mujer.) Puedes cerrar ya el paraguas.
(La SRA. TEPÁN lo hace.
Ambos se acercan a su hijo y le dan unos golpecitos en el culo con el
paraguas.)
SR. TEPÁN.-Ya podéis salir. El
bombardeo ha terminado.
(ZAPO y ZEPO salen
de su escondite.)
ZAPO.- ¿No os ha pasado nada?
SR. TEPÁN.- ¿Qué querías que le
pasara a tu padre? (Con orgullo.) Bombitas a mí...
(Entra, por la izquierda, una pareja
de soldados de la Cruz Roja. Llevan una
camilla. .
PRIMER CAMILLERO.- ¿Hay muertos?
ZAPO.-No. Aquí no.
PRIMER CAMILLERO.- ¿Está seguro
de haber mirado bien?
ZAPO.-Seguro.
PRIMER CAMILLERO.- ¿Y no hay ni
un solo muerto?
ZAPO.-Ya le digo que no.
PRIMER CAMILLERO.- ¿Ni siquiera
un herido?
ZAPO.-No.
CAMILLERO SEGUNDO. - ¡Pues
estamos apañados! (A ZEPO, con un tono persuasivo.) Mire
bien por todas partes a ver si encuentra un fiambre.
PRIMER CAMILLERO.-No insistas. Ya
te han dicho que no hay.
CAMILLERO SEGUNDO.- ¡Vaya jugada!
ZAPO.-Lo siento muchísimo. Les
aseguro que no lo he hecho a posta.
CAMILLERO SEGUNDO.-Eso dicen
todos. Que no hay muertos y que no lo han hecho a posta.
PRIMER CAMILLERO.-Venga, hombre,
no molestes al caballero.
SR. TEPÁN.- (Servicial.) Si
podemos ayudarle lo haremos con gusto. Estamos a sus órdenes.
CAMILLERO SEGUNDO.-Bueno, pues si
seguimos así ya verás lo que nos va a decir el capitán.
SR. TEPÁN.- ¿Pero qué pasa?
PRIMER CAMILLERO.-Sencillamente,
que los demás tienen ya las muñecas rotas a fuerza de transportar cadáveres y
heridos y nosotros todavía sin encontrar nada. Y no será porque no hemos
buscado...
SR. TEPÁN.-Desde luego que es un
problema. (A .ZAPO.) ¿Estás seguro de que no hay ningún muerto?
ZAPO.-Pues claro que estoy
seguro, papá.
SR. TEPÁN.- ¿Has mirado bien
debajo de los sacos?
ZAPO.-Sí, papá.
SR. TEPÁN.-
(Muy disgustado.) Lo que te pasa a ti es que no quieres ayudar a
estos señores. Con lo agradables que son. ¿No te da vergüenza?
PRIMER CAMILLERO.-No se ponga
usted así, hombre. Déjelo tranquilo. Esperemos tener más suerte y que en otra
trinchera hayan muerto todos.
SR. TEPÁN.-No sabe cómo me
gustaría,
SRA. TEPÁN.-A mí también me
encantaría. No puede imaginar cómo aprecio a la gente que ama su trabajo.
SR. TEPÁN.- (Indignado, a
todos.) Entonces, ¿qué? ¿Hacemos algo o no por estos señores?
ZAPO.-Si de mí dependiera, ya
estaría hecho.
ZEPO.-Lo mismo digo.
SR. TEPÁN.-Pero, vamos a ver,
¿ninguno de los dos está ni siquiera herido?
ZAPO..-(Avergonzado.) No, yo
no.
SR. TEPÁN.-(A ZEPO.) ¿Y
usted?
ZEPO.- (Avergonzado.) Yo
tampoco. Nunca he tenido suerte...
SRA. TEPÁN.-
(Contenta.) ¡Ahora que me acuerdo! Esta mañana al pelar las cebollas me di
un corte en el dedo. ¿Qué les parece?
SR. TEPÁN.-
¡Perfecto! (Entusiasmado.) En seguida te llevan.
PRIMER CAMILLERO.-No. Las señoras
no cuentan.
SR. TEPÁN.-Pues estamos en lo
mismo.
PRIMER CAMILLERO.- No Importa.
CAMILLERO SEGUNDO.-A ver si nos
desquitamos en las otras trincheras.
(Empiezan a salir.)
SR. TEPÁN.-No se preocupen
ustedes, si encontramos un muerto, se lo guardamos. Estén ustedes tranquilos
que no se lo daremos a otros.
CAMILLERO SEGUNDO.-Muchas
gracias, caballero.
SR. TEPÁN.-De nada, amigo. Pues
no faltaba más...
(Los camilleros les dicen adiós
al despedirse y los cuatro responden. Salen los camilleros.)
SRA. TEPÁN.-Esto es lo agradable
de salir los domingos al campo. Siempre se encuentra gente
simpática. (Pausa.) Y usted, ¿por qué es enemigo?
ZEPO.-No sé de estas cosas. Yo
tengo muy poca cultura.
SRA. TEPÁN.- ¿Eso es de nacimiento,
o se hizo usted enemigo más tarde?
ZEPO.-No sé. Ya le digo que no
sé.
SR. TEPÁN.-Entonces, ¿cómo ha
venido a la guerra?
ZEPO.- Yo estaba un día en mi
casa arreglando una plancha eléctrica de mi madre cuando vino un señor y me
dijo: « ¿Es usted Zepo? Sí. Pues que me han dicho que tienes que ir a la
guerra.» Y yo entonces le pregunté: «Pero, ¿a qué guerra?» Y él me dijo: «Qué
bruto eres, ¿es que no lees los periódicos?» Yo le dije que sí, pero no lo de
las guerras...
ZAPO.-Igualito, igualito me pasó
a mí.
SR. TEPÁN.-Sí, igualmente te
vinieron a ti a buscar.
SRA. TEPÁN.-No, no era igual,
aquel día tú no estabas arreglando una plancha eléctrica, sino una avería del
coche. .
SR. TEPÁN.-Digo
en lo otro. (A ZEPO.) Continúe. ¿Y qué pasó luego?
ZEPO.-Le dije que además tenía
novia y que si no iba conmigo al cine los domingos lo iba a pasar muy
aburrido. Me respondió que eso de la novia no tenía importancia.
ZAPO.-Igualito, igualito que a
mí.
ZEPO.-Luego bajó mi padre y dijo
que yo no podía ir a la guerra porque no tenía caballo.
ZAPO.-Igualito dijo mi padre.
ZEPO.-Pero el señor dijo que no
hacía falta caballo y yo le pregunté si podía llevar a mi novia, y me dijo que
no. Entonces le pregunté si podía llevar a mi tía para que me
hiciera natillas los jueves, que me gustan mucho.
SRA. TEPÁN.-.(Dándose cuenta
de que ha olvidado algo.) ¡Ay, las natillas!
ZEPO.- Y me volvió a decir que
no.
ZAPO.-Igualito me pasó a mí.
ZEPO.-Y, desde entonces, casi
siempre solo en esta trinchera.
SRA. TEPÁN.-Yo creo que ya que el
señor prisionero y tú os encontráis tan cerca y tan aburridos, podríais reuniros
todas las tardes para jugar juntos.
ZAPO.-Ay, no mamá. Es un enemigo.
SR. TEPÁN.-Nada, hombre, no
tengas miedo.
ZAPO.-Es que si supieras lo que
el general nos ha contado de los enemigos.
SRA. TEPÁN.- ¿Qué ha dicho el
general?
ZAPO.-Pues nos ha dicho que los
enemigos son muy malos, muy malos muy malos. Dice que cuando cogen prisioneros
les ponen chinitas en los zapatos para que cuando anden se hagan
daño. .
SRA. TEPÁN. - ¡Qué barbaridad!
¡Qué malísimos son!
SR. TEPÁN.-
(A ZEPO, indignado.) ¿ Y no le da a usted vergüenza pertenecer
a ese ejército de criminales?
ZEPO.-Yo no he hecho nada. Yo no
me meto con nadie.
SRA. TEPÁN.-Con esa carita de
buena persona, quería engañamos…
SR. TEPÁN.-Hemos hecho mal en
desatarlo, a lo mejor, si nos descuidamos, nos mete unas chinitas en los
zapatos.
ZEPO.-No se pongan conmigo así.
SR. TEPÁN.- ¿Y cómo quiere que
nos pongamos? Esto me indigna. Ya sé lo que voy a hacer: voy a ir al
capitán y le voy a pedir que me deje entrar en la guerra.
ZAPO.-No te van a dejar. Eres
demasiado viejo.
SR. TEPÁN.-Pues entonces me
compraré un caballo y una espada y vendré a hacer la guerra por mi cuenta.
SRA. TEPÁN.-Muy bien. De ser
hombre, yo haría lo mismo.
ZEPO.-Señora, no se ponga así
conmigo. Además le diré que a nosotros nuestro general nos ha dicho lo mismo de
ustedes.
SRA. TEPÁN.- ¿Cómo se ha atrevido
a mentir de esa forma?
ZAPO.-Pero, ¿todo igual?
ZEPO.-Exactamente igual.
SR. TEPÁN.- ¿No sería el mismo el
que os habló a los dos?
SRA. TEPÁN.-Pero si es el mismo,
por lo menos podría cambiar de discurso. También tiene poca gracia eso de que
a todo el mundo le diga las mismas cosas.
SR. TEPÁN.-
( A ZEPO, cambiando de tono.) ¿Quiere otro vasito?
SRA. TEPÁN.-Espero que nuestro
almuerzo le haya gustado…
SR. TEPÁN.-Por lo menos ha estado
mejor que el del domingo pasado.
ZEPO.- ¿Qué les pasó?
SR. TEPÁN.-Pues que salimos al
campo, colocamos la comida encima de la manta y en cuanto nos dimos la vuelta,
llegó una vaca y se comió toda la merienda. Hasta las servilletas.
ZEPO.- ¡Vaya una vaca
sinvergüenza!
SR. TEPÁN.-Sí, pero luego, para
desquitamos, nos comimos la vaca. (Ríen.)
ZAPO.-(A ZEPO.) Pues, desde
luego se quitarían el hambre. ..
SR. TEPÁN.- ¡Salud! (Beben.)
SRA. TEPÁN.-(A ZEPO.) Y
en la trinchera, ¿qué hace usted para distraerse?
ZEPO.- Yo, para distraerme, lo
que hago es pasarme el tiempo haciendo flores de trapo. Me aburro mucho.
SRA. TEPÁN.- ¿ Y qué hace usted
con las flores?
ZEPO.-Antes se las enviaba a mi
novia. Pero un día me dijo que ya había llenado el invernadero y la bodega de
flores de trapo y que si no me molestaba que le enviara otra cosa, que ya no
sabía qué hacer con tanta flor.
SRA. TEPÁN.-¿ Y qué hizo usted?
ZEPO.-Intenté aprender a hacer
otra cosa, pero no pude. Así que seguí haciendo flores de trapo para pasar el
tiempo. .
SRA. TEPÁN.- ¿Y las tira?
ZEPO.-No. Ahora les he encontrado
una buena utilidad: doy una flor para cada compañero que muere. Así ya sé que
por muchas que haga, nunca daré abasto.
SR. TEPÁN.-Pues ha encontrado una
buena solución.
ZEPO.- (Tímido.) Sí.
ZAPO.-Pues yo me distraigo
haciendo jerseys.
SRA. TEPÁN.-Pero, oiga, ¿es que
todos los soldados se aburren tanto como usted?
ZEPO.-Eso depende de lo que hagan
para divertirse.
ZAPO.-En mi lado ocurre lo mismo.
SR. TEPÁN.-Pues entonces podemos
hacer una cosa: parar la guerra.
ZEPO.- ¿Cómo?
SR. TEPÁN.-Pues muy sencillo. Tú
le dices a todos los soldados de nuestro ejército que los soldados enemigos no
quieren hacer la guerra, y usted le dice lo mismo a sus amigos. Y' cada uno se
vuelve a su casa.
ZAPO.- ¡Formidable!
SRA. TEPÁN.- Y
así podrá usted terminar de arreglar la plancha eléctrica.
ZAPO.- ¿Cómo no se nos habrá
ocurrido antes una idea tan buena para terminar con este lío de la guerra?
SRA. TEPÁN.-Estas ideas sólo las
puede tener tu padre. No olvides que es universitario y filatélico.
ZEPO.-Oiga, pero si paramos así
la guerra, ¿qué va a pasar con los generales y los cabos?
SRA. TEPÁN.-Les daremos unas panoplias
para que se queden tranquilos.
ZEPO.-Muy buena idea.
SR. TEPÁN.- ¿Veis qué fácil? Ya
está todo arreglado.
ZEPO,-Tendremos un éxito
formidable.
ZAPO.-Qué contentos se van a
poner mis amigos.
SRA. TEPÁN.-¿Qué os parece si
para celebrarlo bailamos el pasodoble de antes?
ZEPO.-Muy bien.
ZAPO.-Sí, pon el disco, mamá.
(La SRA. TEPÁN pone un
disco. Expectación. No se oye nada.)
SR. TEPÁN.-No se oye nada.
SRA. TEPÁN.- (Va al
gramófono.) ¡Ah!, es que me había confundido. En vez de poner un disco,
había puesto una boina.
(Pone el disco. Suena un
pasodoble. Bailan, llenos de alegría, ZAPO con ZEPO y
laSRA. TEPÁN con su marido. Suena el teléfono de campaña. Ninguno de los
cuatro lo oye. Siguen, muy animados, bailando. El teléfono suena otra vez.
Continúa el baile. Comienza de nuevo la batalla con gran ruido de bombazos,
tiros y ametralladoras. Ellos no se dan cuenta de nada y continúan
bailando alegremente. Una ráfaga de ametralladora los siega a los cuatro. Caen
al suelo, muertos. Sin duda, una bala ha rozado el gramófono: el disco repite y
repite, sin salir del mismo surco. Se oye durante un rato el disco rayado, que
continuará hasta el final de la obra .Entran, por la izquierda, los
dos camilleros. Llevan la camilla vacía. Inmediatamente, cae el
TELÓN
