COMENTARIO RIMA 35, LII “Olas gigantes”
INTRODUCCIÓN
(Época y autor)
El tema de
esta rima es el deseo suicida provocado por el desamor. En cuanto a la
estructura interna, el poema se puede dividir en dos partes. La primera de
ellas abarcaría las tres primeras estrofas y nos ofrecería una descripción de
elementos de una naturaleza tempestuosa, a la que se invoca para que se lleve
al poeta. En la segunda encontramos la explicación de este deseo suicida.
Respecto a la estructura externa, los versos son de arte mayor (de 11 y 12
sílabas) con rima asonante y predominio de la rima en –a; se organizan en
cuatro estrofas que concluyen cada una de ellas con un verso heptasílabo a modo
de estribillo.
A nivel
fonético destaca la aliteración en /r/ para emular el sonido de la tormenta y
en /s/ para imitar el del viento o las olas. También es de destacar el
protagonismo del imperativo, apoyado en el vocativo con el que se inicia cada
estrofa, llamando a los elementos de la naturaleza para que se lo lleven. Uno y
otro se ven también reforzados por las exclamaciones de los versos
heptasílabos. La intensidad del sentimiento del poeta hace que los versos se le
queden cortos, por ello encontramos encabalgamientos (vv. 1, 5 y 13).
En lo que
se refiere a la morfología, abundan los nombres concretos en la 1ª parte
descriptiva. Son nombres que pertenecen al campo semántico de la naturaleza;
podemos clasificarlos en elementos relacionados con cada una de las tres
materias: el agua (olas, playas, espumas) en la primera
estrofa, la tierra (bosque, hojas) en la segunda y el aire en la
segunda y tercera (ráfagas, huracán, torbellino, nubes,
niebla). En la segunda parte, por el contrario, sólo hay sustantivos
abstractos que denominan sentimientos negativos
que atenazan al poeta (miedo y dolor) y referencias a la
causa de esa situación (memoria y razón). Piedad es el
último de los sustantivos y resume lo que el poeta pide a esa naturaleza que
parece escucharle. Los adjetivos son especificativos y ayudan a completar la
descripción de la primera parte; la mayoría son de carácter positivo, salvo marchitas,
ciego y sangrientas que inciden en la naturaleza salvaje; el
exotismo y lejanía de esta naturaleza situada en un paisaje desconocido se
refleja en adjetivos como desiertas o remotas. El epíteto oscura,
referido a niebla, puede transmitir la oscuridad en la que se encuentra el alma
del poeta. Finalmente, los verbos aparecen en un presente que nos acerca la
emoción de Bécquer a nuestro ahora de lectores (rompéis, arrebatáis,
ornáis, arranque…), la mayoría de ellos tienen como sujeto el
vosotros de los elementos de la naturaleza y en la segunda parte el sujeto será
el yo poético. Como ya señalamos anteriormente, el imperativo se convierte en
protagonista recogiendo el tema de la rima.
En cuanto a
la sintaxis, la primera parte enmarca oraciones compuestas que son simétricas.
El vocativo aparece complementado por una subordinada adjetiva (“que ….”) y por
otra de participio (“envuelto… arrastrado… arrebatado”) para dar paso al verbo
principal que es el imperativo.
En lo
referido a la semántica lo más importante es la personificación de los
elementos de la naturaleza a los que se dirige el poeta. También es destacable
la aparición de una metáfora (I de R) “sábana de espumas”. Por lo demás, el
poema se caracteriza por su sencillez semántica.
Para
concluir diremos que se trata de una composición típicamente romántica por sus
temas (las emociones del yo-poético, su estrecha vinculación con una naturaleza
salvaje, el pesimismo…) y su forma
(libertad métrica y de rima). Podemos observar la relación existente con la
lírica popular medieval de las cantigas de amigo en las que, como hace Bécquer,
el yo-poético se dirige a la naturaleza. Esta recuperación de lo medieval
también es propia del Romanticismo
