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PREPARANDO EL EXAMEN DEL ROMANTICISMO lunes 12 de noviembre



Corrección del Ensayo del Héroe Romántico 
Con este ensayo queremos demostrar que los grandes personajes románticos, Drácula, Frankenstein, D. Juan Tenorio, fruto de la pluma Bram Stocker, Mary Shelley y José Zorrilla, respectivamente, y Alonso, Fernando de Argensola o Manrique, de las Leyendas de Bécquer reflejan perfectamente el pensamiento romántico.
En primer lugar, todos ellos reflejan su inadaptación y no aceptación de las normas establecidas en todos los ámbitos. Drácula decide oponerse a las normas divinas, además de las sociales, hace un pacto satánico y con él logra violar la primera de esas normas viviendo eternamente; socialmente actúa contra todo lo establecido atrayendo a su secta vampírica a través de los instintos sexuales. Por otra parte, el doctor Víctor Frankenstein añora convertirse en una especie de dios pudiendo dar vida a los muertos. El mítico D. Juan se burla de todas las normas sociales establecidas, engaña en el juego, seduce y abandona doncellas y mata a todos los que se interponen en su camino. Manrique del Rayo de Luna no vive en soledad y no acepta ninguna norma social, como la del matrimonio; mientras que Fernando de Argensola, de Los ojos verdes, no cumple con la norma que le impediría traspasar las fronteras del monte.
Por todo lo anterior, estos personajes se caracterizan por su marginalidad. Drácula es un excéntrico noble centroeuropeo que habita en un castillo solitario y que es, por si fuera poco, un vampiro. Víctor Frankenstein se convierte en el prototipo de “científico loco” y, además, ladrón de tumbas. D. Juan nunca disfruta de una familia, la soledad es su única compañía hasta que se enamora de Dña. Inés, consiguiendo la paz espiritual y el perdón, lo que refleja la tradición católica que sigue su autor.
En tercer lugar, todos ellos, al igual que harán los escritores románticos, se evaden en el tiempo o en el espacio. Drácula se inspira en la Edad Media, época que es origen de su leyenda y muy del gusto romántico. Frankenstein al final de su vida huye al lejano y desconocido Polo Norte persiguiendo a su criatura y D. juan nuevamente recrea un lejano siglo XVI. Bécquer se evade hacia una Edad Media legendaria en la que sitúa todas sus leyendas.
Elemento sobrenatural es fundamental en todas sus historias: la vida eterna y la capacidad de transformarse en murciélago, la posibilidad de dar vida a un cadáver, la mano de Margarita que no se hunde hasta que Pedro no cumple su promesa, los esqueletos de los difuntos que vuelven a la vida de D. Juan o del Monte de las ánimas o el Miserere, los ojos misteriosos de un ser diabólico en los Ojos verdes...
Finalmente, la naturaleza en todas estas historias es salvaje, nocturna, sepulcral o ruinosa. Así, la luna llena se convierte en protagonista en Bécquer y Drácula; los cementerios son los protagonistas en D. Juan, el Monte de las ánimas y en Drácula; los bosques salvajes enmarcan la acción de todas las obras, en algún momento.   
En conclusión, los citados personajes reflejan de modo excepcional toda la estética y pensamiento de los artistas que, oponiéndose al racionalismo del siglo anterior, crean un arte marcado por la nostalgia de un pasado medieval que aparece idealizado; este pasado abraza el inconformismo de un grupo de artistas que no aceptaban la realidad que les había tocado vivir e intentaron huir de ella a través del arte. 

COMENTARIO RIMA 35, LII “Olas gigantes”
INTRODUCCIÓN (Época y autor)
El tema de esta rima es el deseo suicida provocado por el desamor. En cuanto a la estructura interna, el poema se puede dividir en dos partes. La primera de ellas abarcaría las tres primeras estrofas y nos ofrecería una descripción de elementos de una naturaleza tempestuosa, a la que se invoca para que se lleve al poeta. En la segunda encontramos la explicación de este deseo suicida. Respecto a la estructura externa, los versos son de arte mayor (de 11 y 12 sílabas) con rima asonante y predominio de la rima en –a; se organizan en cuatro estrofas que concluyen cada una de ellas con un verso heptasílabo a modo de estribillo.
A nivel fonético destaca la aliteración en /r/ para emular el sonido de la tormenta y en /s/ para imitar el del viento o las olas. También es de destacar el protagonismo del imperativo, apoyado en el vocativo con el que se inicia cada estrofa, llamando a los elementos de la naturaleza para que se lo lleven. Uno y otro se ven también reforzados por las exclamaciones de los versos heptasílabos. La intensidad del sentimiento del poeta hace que los versos se le queden cortos, por ello encontramos encabalgamientos (vv. 1, 5 y 13).
En lo que se refiere a la morfología, abundan los nombres concretos en la 1ª parte descriptiva. Son nombres que pertenecen al campo semántico de la naturaleza; podemos clasificarlos en elementos relacionados con cada una de las tres materias: el agua (olas, playas, espumas) en la primera estrofa, la tierra (bosque, hojas) en la segunda y el aire en la segunda y tercera (ráfagas, huracán, torbellino, nubes, niebla). En la segunda parte, por el contrario, sólo hay sustantivos abstractos que denominan sentimientos negativos  que atenazan al poeta (miedo y dolor) y referencias a la causa de esa situación (memoria y razón). Piedad es el último de los sustantivos y resume lo que el poeta pide a esa naturaleza que parece escucharle. Los adjetivos son especificativos y ayudan a completar la descripción de la primera parte; la mayoría son de carácter positivo, salvo marchitas, ciego y sangrientas que inciden en la naturaleza salvaje; el exotismo y lejanía de esta naturaleza situada en un paisaje desconocido se refleja en adjetivos como desiertas o remotas. El epíteto oscura, referido a niebla, puede transmitir la oscuridad en la que se encuentra el alma del poeta. Finalmente, los verbos aparecen en un presente que nos acerca la emoción de Bécquer a nuestro ahora de lectores (rompéis, arrebatáis, ornáis, arranque…), la mayoría de ellos tienen como sujeto el vosotros de los elementos de la naturaleza y en la segunda parte el sujeto será el yo poético. Como ya señalamos anteriormente, el imperativo se convierte en protagonista recogiendo el tema de la rima.
En cuanto a la sintaxis, la primera parte enmarca oraciones compuestas que son simétricas. El vocativo aparece complementado por una subordinada adjetiva (“que ….”) y por otra de participio (“envuelto… arrastrado… arrebatado”) para dar paso al verbo principal que es el imperativo.

En lo referido a la semántica lo más importante es la personificación de los elementos de la naturaleza a los que se dirige el poeta. También es destacable la aparición de una metáfora (I de R) “sábana de espumas”. Por lo demás, el poema se caracteriza por su sencillez semántica.
Para concluir diremos que se trata de una composición típicamente romántica por sus temas (las emociones del yo-poético, su estrecha vinculación con una naturaleza salvaje, el pesimismo…)  y su forma (libertad métrica y de rima). Podemos observar la relación existente con la lírica popular medieval de las cantigas de amigo en las que, como hace Bécquer, el yo-poético se dirige a la naturaleza. Esta recuperación de lo medieval también es propia del Romanticismo.